Era un día frío, el 15 de julio de 2019.Antonio estaba viviendo un día normal, le daba comida a su perro mientras desayunaba, se vestía y se ponía a trabajar con su taxi. A las 6:30 pm volvía del trabajo y se sorprendió cuando vio a una persona alta, elegante, rubio y feliz, estaciono su taxi y le fue a preguntar cuál era su nombre y que hacia ahí. El extraño hombre le respondió que se llamaba Pablo y que lo había enviado la policía para que él y otra persona resuelvan un crimen, fueron al taxi de Tony, se subieron. Ya yendo Pablo le comentó de qué trataba el crimen y sobre el otro detective. Ya en el lugar Anthonio se encontró con un joven alto, con pelo corto, que viste elegante leyendo un diario.
Al darse cuenta que era el otro detective, se presentaron el joven se llamaba Facundo, se subieron al taxi y se fueron a Ezeiza porque el crimen era en Colombia. En el avión, el detective le contó a Facundo lo mismo que le dijo a Anthonio. Después del viaje ya en Colombia se hospedaron en un motel donde durmieron toda la noche. Al día siguiente, se prepararon y se fueron a resolver el crimen, cuando llegaron vieron que el lugar del crimen era en un callejón estrecho, largo, sin salida, solitario, oscuro y pinta de ser peligroso. Se pusieron manos a la obra y empezaron a revisar el callejón, buscaron de lado a lado pero solo encontraron un hueso que generó sospechas hasta que un perro no le prestó atención. Pasado un buen tiempo, ya cansados fueron a escuchar los relatos de los testigos. Ahí en el lugar empezaron a interrogar a los testigos, el primero era un hombre que se había ido a vivir a Colombia por trabajo. Pero le fue mal y ahora vive en la villa, mide 1,60cm y pesa 128 kg.
El testimonio de este testigo era que había estado unas horas antes con el desaparecido, vió que estaba raro y asustado por algo pero no le prestó atención. El siguiente testigo era una señora de 45 años que vivió bastante tiempo ahí, dijo que mientras cuidaba a su hijo escuchó un disparo y gritos. El último testigo era un policía que estaba vigilando la zona hasta que escuchó tiros, fue a investigar pero sólo encontró una bala ensangrentada en el piso.
Al rato hablaron con el policía y le pidieron la bala, aunque les pareció raro que Pablo se negara, Dixon investigó a profundidad y llegó a la conclusión de que era un modelo antiguo que utilizaba Pablo Escobar para dañar a sus víctimas. Esas armas solo se fabricaban en Bogotá. Fueron a Bogotá, se hospedaron en un hotel y empezaron a buscar la fábrica, que con el tiempo se abandonó. Después de un rato, la encontraron pero se dieron cuenta de que estaba cerrada y no se podía entrar por ningún lugar. Eso se pensaba hasta que Anthonio torpemente se tropezó con una roca se golpeó con una chapa y la derribó, lo que ocasionó la entrada a la entrada a la fábrica. En la planta baja no había nada pero Pablo no los dejaba bajar al sótano lo que ocasionó algunas sospechas en Facundo y Tony.
Una noche Dixon y Tony fueron a la fábrica sin Pablo, se encontraron con una gran sorpresa en la planta baja habían dos personas armadas, peladas, robustas y altas con un tatuaje en la mano de un triángulo con un ojo. Automáticamente, Facundo reconoció ese tatuaje y le dijo a Anthonio que era una mafia que torturaba personas. Anthonio salió corriendo con Facundo a contárselo a la policía, que rápidamente fue a la zona de la fábrica, derribaron a los guardias y bajaron al sótano donde se encontraron a Pablo y a otras personas torturando al desaparecido. La policía capturó a Pablo y compañía. Anthonio y Facundo se fueron al hotel a dormir y se levantaron cuando vieron las noticias de que habían condenado a 40 años de prisión a la mafia. Luego, fueron a sus ciudades y continuaron su vida normal.
Franco Jacquelin y Gonzalo Pizarro
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